–Ahora no lo siente así. Pero algún día, cuando sea viejo, arrugado y feo, cuando el pensamiento haya tatuado su frente de surcos y el fuego de la pasión dejado en sus labios su espantosa marca, lo sentirá usted terriblemente. Ahora, por donde quiera que vaya, seduce al mundo. Pero, ¿será así siempre? Tiene usted un rostro maravillosamente bello, señor Gray. No frunza el ceño. Lo tiene. Y la belleza es una forma de genio, más elevada, en realidad, que el mismo genio, ya que no necesita explicación. Es uno de los grandes hechos del mundo, como el sol, o la primavera, o el reflejo de esa concha de plata que llamamos luna en las oscuras aguas. Algo que no puede cuestionarse, con un derecho divino a la soberanía. Convierte en príncipes a quienes la poseen. ¿Sonríe usted? ¡Ah! No sonreirá cuando la haya perdido... La gente a veces tacha la belleza de superficial. Podría ser. Pero al menos no es tan superficial como el pensamiento. Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Sólo los simples dejan de juzgar por las apariencias. El verdadero misterio del mundo está en lo visible, no en lo invisible... Sí, señor Gray, los dioses le han sido favorables. Pero lo que los dioses dan, lo quitan muy pronto. Sólo tiene unos pocos años para vivir de verdad, con perfección, con plenitud. Cuando su juventud se desvanezca, su belleza se irá con ella, y descubrirá de pronto que ya no le quedan triunfos, o deberá contentarse con mezquinos éxitos que el recuerdo de su pasado hará más amargos que una derrota. Cada mes que transcurre le acerca a esa espantosa realidad. El tiempo está celoso de usted, y lucha contra sus lirios y sus rosas. Esa tez se volverá cetrina, se hundirán las mejillas, los ojos perderán su brillo. Sufrirá horriblemente... ¡Ah! Sea consciente de su juventud mientras ésta perdure. No desperdicie el oro de sus días escuchando a los tediosos, intentando cambiar lo abocado al fracaso, entregando su vida a la ignorancia, a lo mediocre y lo vulgar. Ésos son los valores malsanos, los falsos ideales de nuestro tiempo. ¡Viva! ¡Aproveche la maravillosa vida que hay en usted! ¡No deje que nada se pierda! Busque siempre nuevas sensaciones. No le tema a nada... Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita. Usted podría ser su símbolo viviente. Con su personalidad, no hay nada que no pueda hacer. El mundo le pertenece por un tiempo. Desde el momento en que le conocí, comprendí que usted era absolutamente inconsciente de lo que es, de lo que en realidad podría ser. Me sedujo tanto lo que vi en usted que sentí que debía decirle algo sobre usted mismo. Pensé en la tragedia de que usted se malgastase. Porque su juventud durará tan poco... tan poco. Las flores silvestres de las colinas se marchitan, pero vuelven a florecer. Este espino será tan amarillo el próximo junio como lo es ahora. En un mes, la clemátide tendrá estrellas púrpuras, y año tras año la verde noche de sus hojas sostendrá las rojas flores. Pero el hombre jamás recupera su juventud. El alegre latido que palpita en nosotros a los veinte años va debilitándose. Nuestros miembros fallan, se embotan nuestros sentidos. Degeneramos en horribles títeres perseguidos por el recuerdo de las pasiones que nos dieron demasiado miedo, de las exquisitas tentaciones ante las que nos faltó valor para ceder. ¡Juventud! ¡Juventud! ¡No hay nada en el mundo sino la juventud!
OSCAR WILDE
1 comentario:
El texto es bastante largo, lo sé. Pensé en recortarlo pero no supe donde.
Es un fragmento sencillamente fulminante.
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